Cuenca está rodeada por una muralla, de la cual se conservan restos apreciables en diferentes lugares en la mayor parte de su recinto natural, dispuso hasta el siglo XIX de siete puertas, algunas de las cuales todavía perduran, habiendo dejado las restantes el recuerdo de su denominación original. Vestigios esenciales de esta estructura defensiva son los caminos de ronda, a veces simples asomaderos a sus respectivas torres.
Así pues, el trazado urbano que se desarrolla intramuros es de carácter predominantemente medieval y queda articulado en torno a un largo y empinado eje longitudinal que recorre, de puerta a puerta la ciudad. Desde la Puerta de Huete (primitiva entrada «baja» de la ciudad, salvada por el puente de la Trinidad) continúa por la calle de Coches o Carros, la calle Alfonso VIII, hasta la Plaza Mayor, y sigue hacia arriba por las calles de San Pedro y el Trabuco, rematándose todo ello por la Puerta del Bezado y su puente, ya en los límites altos del castillo.
Sin embargo, el conjunto es mucho más amplio y excede los limites del casco histórico, extendiéndose por la ciudad baja, sus alrededores y en las cercanías de los accesos a aquel. Comprende una serie de barrios y conjuntos de carácter popular y de gran valor ambiental. Sus límites quedarían precisados como sigue: barrio del Castillo, hasta la ermita de San Isidro. Hoz del Huécar, desde las Huertas (reminiscencias de las plantaciones de las vegas moriscas, que conforman un paisaje agrario, minifundista de regadío en lo profundo de esta hoz, y exclusivo de ella pues no se da en la del Júcar), pasando por San Pablo, hasta Tiradores o Puerta de Valencia. Cauce del Huécar desde esta última hasta el puente de San Antón, próximo a la confluencia de ambos ríos (Miradores y San Antón son auténticos arrabales de la ciudad), pasando por el barrio de Sán Francisco (lugar donde acampó Alfonso VIII en su largo asedio a la ciudad), articulado alrededor de la Puerta de Valencia, y que contiene trazas, ambientes y elementos históricos de gran valía, como la calle de los Tintes, a ambos márgenes del río Huécar; hoy en proceso de renovación en la edificación, y también, el Cerrillo de Santiago, un excelente mirador sobre la ciudad histórica rodeado por pintorescas edificaciones de carácter popular, y finalmente, el cauce y hoz del Júcar desde San Antón hasta el puente de los Descalzos. Los restos de las murallas de Cuenca son el primer elemento arquitectónico importante que la ciudad muestra. Los restos visibles y más destacados se encuentran en las proximidades de San Miguel, Las Angustias, Torre de San Juan, Puerta de Huete, Puente de San Martín, Santo Domingo, escalinatas del Gallo, Santa Cruz, el Peñón y el Castillo. Además, sobre ambas hoces, los dos caminos de ronda militar constituyen majestuosos miradores. Algunas de las principales parroquias aparecen adosadas al recinto defensivo, sosteniendo la creencia de que su presencia contribuía a una mayor defensa y vigilancia del mismo. Los barrios del Castillo y de San Pedro, los más altos de la ciudad, son también el origen de la misma, y ambos aparecen dominados por dos edificios que los definen y les dan nombre: una fortaleza y una iglesia. A caballo entre las dos hoces, en el punto de mayor estrechamiento entre ambas, y defendiendo la entrada alta de la ciudad, aparecen las ruinas del castillo, del que sólo quedan un torreón, dos cubos cuadrados y un arco de medio punto y un lienzo de muro en la puerta, restaurada en el siglo XVI, se conserva un escudo con toisón. Fundado como fortaleza árabe y tomado por Alfonso VIII en el siglo XII, fue cedido a la Inquisición en el siglo XVI, y, en 1812, las tropas francesas lo volaron en gran medida